En el fondo estamos aquí para eso, lo intuyo. Es lo mejor y lo peor de la vida, me hacen sentir grande, inmensa, feliz, abierta, conectada, pero también me asustan, me empequeñecen, me limitan, me frustran y me coartan. Pero sin ellas, no sería nada, mi identidad sería débil, difusa y ambigua. Sin ellas, no me descubriría en mis mil facetas, en mis mil personalidades, que se van conformando según las circunstancias se van revelando. Cada una de ellas aporta algo diferente a mi vida, y va sacando lo mejor y lo peor que hay en mi. Yo existo porque tú estás ahí. Mi identidad se refuerza en tu presencia, en tu mirada, en tu escucha. Tengo necesidad de fundirme en tu experiencia para engordar la mía, tu serenidad, tu inquietud, tu alegría y tristeza van conformando mi mapa de emociones y mezclando los territorios. Quiero ser invadida, mezclada y contaminada. Quiero abrirme, replegarme, cerrarme y absorber. No me imagino la vida sin ellas, quiero más y mejores, quiero relaciones, personas y vivencias a mi lado. No quiero tener miedo a sufrir.
