En el fondo estamos aquí para eso, lo intuyo. Es lo mejor y lo peor de la vida, me hacen sentir grande, inmensa, feliz, abierta, conectada, pero también me asustan, me empequeñecen, me limitan, me frustran y me coartan. Pero sin ellas, no sería nada, mi identidad sería débil, difusa y ambigua. Sin ellas, no me descubriría en mis mil facetas, en mis mil personalidades, que se van conformando según las circunstancias se van revelando. Cada una de ellas aporta algo diferente a mi vida, y va sacando lo mejor y lo peor que hay en mi. Yo existo porque tú estás ahí. Mi identidad se refuerza en tu presencia, en tu mirada, en tu escucha. Tengo necesidad de fundirme en tu experiencia para engordar la mía, tu serenidad, tu inquietud, tu alegría y tristeza van conformando mi mapa de emociones y mezclando los territorios. Quiero ser invadida, mezclada y contaminada. Quiero abrirme, replegarme, cerrarme y absorber. No me imagino la vida sin ellas, quiero más y mejores, quiero relaciones, personas y vivencias a mi lado. No quiero tener miedo a sufrir.
lunes, 4 de julio de 2011
domingo, 22 de mayo de 2011
Trilogía del amor III : Love & Surrender
Hoy he entendido que para amarse hay que darse por vencido, dejar de luchar contra los elementos y centrarse en el amor: el amor al final es lo único que nos salva y en la renuncia al resto está la salida. Amarse contra viento y marea, amarse con mimo, entrega y generosidad. El amor nos conecta, nos ennoblece y nos protege. Un amor sólido y estable no tiene rendijas, te envuelve y te cuida, te sirve de escudo y lanza redes para conectarse con otros. El amor como el agua, potente y flexible, busca otras aguas a las que unirse y así ir cubriéndolo todo. El amor busca de sí mismo para nutrirse, nos busca a nosotros para nutrirnos, pero a veces nos empeñamos en no abandonarnos a su poder. El camino es simple, pero lo vemos complicado. Tratamos de amar a los demás pensando que ellos a su vez nos devolverán este amor. Luchamos por ser seres “amables” o “amados” y en realidad estamos buscando fuera lo que debe de salir de dentro. Renunciar al amor-aceptación del otro por establecer el mío propio. Eso da vértigo. Dejarte caer para encontrar tus propias alas. Rendirte para quererte. Quererte para querer, no querer para que te quieran. Permitir que el amor te atraviese y caer rendido a sus pies.
domingo, 13 de marzo de 2011
Trilogía del amor II: Hoy no me quiero bien a mí misma
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| (atista Ann La Mouton) |
Hoy no me quiero bien a mí misma porque busco que otr@s me quieran más que yo.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me disciplino para ser y actuar como yo imagino que los otr@s quieren que yo sea.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque no me respeto lo suficiente para permitirme ser yo en todos mis rincones, esquinas y recovecos.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me cuesta ser sincera.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me da miedo quedarme sola.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me cuesta acogerme generosamente.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque no me siento plena y conectada.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque tengo miedo de tirar a ver donde me lleva no quererme.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me regaño, castigo y auto-exijo con poca compasión.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque estoy dispuesta a hacerme sufrir en vez de aceptar la realidad tal como es, sin intentar controlar ni manipular.
Hoy no me quiero bien a mí misma porque me pongo barreras y trampas.
Hoy no me quiero bien a mí misma pero quizás aceptar mi falta de amor sea el primer paso que hace falta dar.
viernes, 18 de febrero de 2011
Trilogía del Amor I : Amarse
Ella se levantaba todas las mañanas con ganas de verle, sentir su olor y compartirse. Ese era precisamente su momento favorito del día, no había nada que le gustara más…bueno, alguna otra cosa sí. Por la mañana se sentía inspirada y con energía, le gustaba provocarlo, llevarle hacia el límite y jugar al ratón y al gato. Esto le daba marcha, ocupaba sus vacíos y le hacía sentirse junto a él. A veces cuando hablaban, ella le miraba y sentía como sus cuerpos estaban conectados. Era como si algo ultraespacial les uniera y ese momento, ese lugar, esa apariencia eran un mero escenario de algo mucho mayor, de dos almas unidas por un cordón infranqueable e infinito. Ella imaginaba ese cordón plateado, que en realidad nadie podía ver, pero ellos lo sentían. Igual que sentían el deseo, un deseo inmortal e inagotable. Desearse era amarse y cuanto más se deseaban más se amaban y cuanto más se amaban más se querían. Haciendo el amor sentían más amor pero ese amor también le hacía infeliz.
Él la amaba, la adoraba y la odiaba al mismo tiempo. Se sentía pequeño, confuso y anulado al lado de ese amor que no le dejaba espacio. Siempre se había sentido incompleto, pero su presencia le acentuaba esa sensación, sacaba a la luz sus conflictos, sus carencias y sus miedos. Él temía que ella se lo comiera y ella temía entregarse, fundirse y perderse.
Ella pensó que podía, pero tampoco pudo. Tanto amor y tanto miedo no pueden convivir. Hay que estar preparado para vivir un amor así, y ellos no lo estaban. Les quedaba mucho camino que recorrer y este amor les colocó desnudos en el punto de partida.
sábado, 29 de enero de 2011
Cambio de piel

Las serpientes cambian la piel periódicamente, lo hacen de manera natural para ajustarse a sus cambios de tamaño. Esto les aporta mucha salud, les quitan rozaduras, picaduras, les elimina los parásitos y sus células se regeneran dando paso a una nueva piel. Pensar en este proceso me reconforta.... me da fuerza ver ese poder de la naturaleza, esa capacidad de la vida de regenerarse a si misma y volver a empezar. La vida te erosiona y a la vez te libera. Sólo hay que confiar que ese cambio se va a producir, que la vida seguirá su curso de manera natural y la pulsión tendrá lugar.
El problema es que muchas veces no aguanto la erosión, no quiero rozarme, ensuciarme, que me muerdan, ni me piquen. Hemos perdido esa conexión con la naturaleza y con la vida que nos da la certeza de que la regeneración existe. Tenemos miedo de quedarnos ahí, en nuestra fragilidad, en las rozaduras... que nuestra piel ajada se exponga y no podamos aguantar el tirón. Ya no hay confianza. Nadie quiere sentirse con la piel roida, abrasada, maltrecha y deformada... deformada sólo de vida, de contacto, de intercambio, de pasión y sentimiento. No, eso no, preferimos comprarnos un traje anti-abrasiones y pensar que somos poderosos... poderosos de pacotilla, diría yo.. Nos contamos historias, nos inventamos trabajos, objetivos, sueños que nos alejan de ese malestar interno. De esa fragilidad que nos da "el no confiar", el no ser capaz de llegar al límite para la regeneración, para el cambio, para el crecimiento. Sin vida no hay cambio, sin cambio no hay vida. A veces estamos demasiado asustados para vivir y regenerarnos.
Quiero ser una serpiente, quiero ser capaz de abrasarme, fundirme con la vida y así permitir mi cambio de piel. Lo necesito, lo necesitamos.
sábado, 6 de noviembre de 2010
La lucha II
Y tengo el estómago encogido y la espalda tensa. Mi universo gira y gira y no sé donde sujetarme y parar esta rueda de la que no me puedo bajar. Y necesito descansar, darme cuenta que todo está bien, o no, o darme cuenta que todo está mal pero me da igual. La vida es incontrolable y cuanto más abro los brazos para sujetarla más se revuelve, se escabulle y más lecciones me da sobre la humildad. La vida es más grande, más sabia y seguro que más justa de lo que cada individuo nos creemos ser y así nos va, con estos aires de grandeza. Mi poder mínimo que quiere poder con todo, que quiere controlarlo todo y que todo sea a mi antojo. Caprichos de niña tonta que te van comiendo por dentro, controlar lo de fuera para sedar lo de dentro. Y la vida vuelve a sonreirte irónicamente, a recordarte que ella es más fuerte y que ese no es el camino. El camino se recorre por dentro y no hacia fuera, el de fuera en realidad es inútil, por mucho que nos empeñemos, engañemos y persistamos.La vida es grande, sabia y justa y a nosotr@s sólo nos queda rendirnos.
martes, 12 de octubre de 2010
La lucha

Y sus mañanas siempre amanecían grises, envueltas en calorcito caliente pero triste, mañanas de encuentro y soledad, de intimidad y anhelos. Uno de sus profundos anhelos era dejar de anhelar, dejar de esperar, y a la vez esperar era la única salida. Dejar de esperar era renunciar y él había sido entrenado para luchar. Quizás en este caso no era la salida sino la entrada, la lucha significaba la falta de paz y la paz andaba a la vuelta de la esquina. Era cuestión de soltar, de dejarse caer, de sucumbir a lo que sentía, pero no podía. Aquello que sentía era demasiado para él, dejarse hacer era traicionar su estabilidad y en realidad la paz le asustaba más que la guerra. En la guerra siempre estaba preparado para defenderse, atacar si era necesario, pero en la paz no había razones para las armas, las corazas ni las barreras. En la paz no había donde esconderse, donde ocultar sus pesares, la paz se le antojaba demasiado dolorosa para ser una opción saludable. Dejar de luchar era su sueño y para alcanzarlo luchaba sin cesar.
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