lunes, 7 de mayo de 2018

Los hijos no nacidos



El día de las madres es claramente un día necesario, precioso y lleno de reconocimiento y gratitud hacia el amor incondicional de una madre, un día en el que se celebra y reconoce esa labor infinita y amorosa sin la cual la vida simplemente no existiría, no hay nada más grande, si lo pensamos bien y más necesario de homenaje y gratitud. Ayer yo me sentía feliz por mi madre y mi hermana, que también ha sido madre recientemente, pero tenía algo dentro que me situaba en un plano muy vulnerable. Me sobrevino poco a poco, así sin darme mucha cuenta, yo no tengo hijos, y me siento bien con esa idea, es decir, me reconozco como mujer que puede tener una vida plena y creativa sin pasar por la maternidad. No he tenido hijos, pero he vivido dos abortos, ambos embarazos no fueron planificados, pero sí bien recibidos y ninguno de los dos pasó de la sexta semana, aunque en el primer caso no me enteré hasta la pasados los dos meses. En ambos casos me ha tocado elaborar un duelo, el duelo de lo que pudo ser y no fue, el duelo de romper con las expectativas, el duelo de sentirte embarazada y con las mismas dejar de estarlo. Yo no tengo problemas con no ser madre, pero todavía me sigue entristeciendo sentir que algo con vida dejó de tenerla dentro de mí. Ayer celebré el día de las madres pero algo en mi interior se puso de luto, mi cuerpo se puso blandito y vulnerable  y lo peor es que yo no me di ni cuenta. Ayer me pasé el día felicitando a otras madres y yo no me hice ni caso. Nadie lo hizo. Normal, al final no soy madre. No pertenezco a ese grupo. Y en realidad tampoco ansío serlo. Es raro todo. Mi cuerpo siente cosas que la mente no llega, al final el cuerpo es el más listo y me habla de reconocer a esas mujeres que sí han estado alguna vez embarazadas. ¿A ese grupo dónde le colocamos? ¿Dónde le damos el espacio que puedan necesitar? Yo quiero poder brindar por las madres y por esa parte de mí que fugazmente lo fue. Quiero brindar por los hijos que no tuve y por todos esos hijos no nacidos pero que se quedaron en alguna parte de nuestros cuerpos femeninos. Que nos habitaron y se fueron. Que nos enseñaron sobre la renuncia y la gracia de estar vivos y vivas. ¡Brindemos!

sábado, 3 de febrero de 2018

El monocromático



Tengo una pena dentro, está así como al fondo, detrás de la alegría, el aburrimiento y el desencanto. Las penas suelen ser así, pequeñitas pero matonas, al menos las mías. Yo soy más bien de la alegría, me honra con su presencia bastante a menudo y soy su fiel defensora además de su aduladora. Las penas las guardo un poco más adentro, su problema es que no les doy mucho protagonismo aunque tengan bastante peso. La alegría es ligera, suave, etérea, en cambio la pena es pesada y sólida. Para pasarla a estado gaseoso hay que rumiarla bastante. El precio de la pena es que si no la localizas, se va expandiendo por tus sentires así cual acuarela gris. Va tocando todos los colores, quitándoles brillo y resplandor. La pena se va comiendo la fuerza y puede llegar a destruir tu paleta. En un abrir y cerrar de ojos, has pasado a la tonalidad monocromática. Yo quiero vivir la vida a colores, cada día el que me toque. Desde el negro al amarillo, el rojo y el violeta. Hoy tendré que concentrarme en el negro para dejarlo salir, sin complejos, llorar lo que pudo ser y no fue. La vida está llena de posibilidades y e imposibles. La alegría va de celebraciones y la pena de ausencias, partidas y expectativas rotas. La pena también me conecta conmigo misma, con mis vulnerabilidades, con esa parte blandita y elástica de mí misma. Cuánto más siento mi pena más consistencia me doy y mas gaseoso el negro. La pena fiel amiga para cerrar puertas para siempre y darte fuerzas para abrir otras. La pena necesita de quietud y silencio, recogimiento y canal hacia dentro. Hay que estar concentrada para abrir el canal y que tus lágrimas vayan limpiando la zona y ablandando la masa. Hoy estoy con mi pena, que se va convirtiendo en penita. De negro charol va pasando a gris marengo. Hoy que tengo tiempo y tranquilidad la quiero sentir. Pudo ser y no fue. No nos queda otra. La vida es así. Hoy penita te pongo un altar. 

domingo, 12 de enero de 2014

De la angustia del amar y el amor



Estar conectada al amor es lo que necesito para luchar contra la angustia que me produce el mismo amar. No sé como explicarlo pero yo me entiendo. En la raíz de la angustia se encuentra el antídoto. Amar me produce en ocasiones mucha dicha y también desasosiego, estar profundamente vinculada a personas me fortalece y debilita al mismo tiempo, me fortalece porque me siento reconfortada, acompañaba, sentida y respetada... pero también me provoca cierta angustia interna. La dicha del amor me viene unida a un sentimiento pegajoso,  un dolor sordo y a veces desesperado. Esa es la palabra, desesperado. Quizás andaba desesperada desde hace mucho tiempo pero por alguna razón el amor ha hecho que el sentimiento se despliegue cual abanico incontrolado. El amor me ha conectado con la angustia propia del vivir y me ha dejado desnuda y sin salida. Se acabaron los juegos, la ensoñaciones, refugiarse en los anhelos, la expectativas, los sueños. Mis sueños se cumplieron y ya no me quedan refugios. Mejor no engañarse más, mejor mirar a la bestia a los ojos y quedarse quieta.

domingo, 26 de febrero de 2012

Caer

 La vida nos sostiene, solo hay que dejarse acunar. Permitir que nos lleve por su rumbo, sus camino, sus curvas y sus cuestas. Dejar que nos cuide y nos enseñe, nos mime y nos quiera.
Tan fácil y tan difícil, tan fácil porque no requiere esfuerzo sino todo lo contrario, abandono y confianza. Tan difícil porque queremos ser dioses y dirigir nuestro destino, dirigirlo desde el miedo, la ignorancia, la visión parcial, los caprichos, los ombligos y las carencias. Luchamos, peleamos y sufrimos al aferrarnos. Nos aferramos a eso que pensamos que nos salva, pero quizás tanta fuerza no sea necesaria. A veces nos da más miedo el vacío que la lucha, la lucha parece dar sentido a todo, luchamos contra nosotros y así no salimos del círculo ni avanzamos a ningún sitio.
La vida nos sostiene, sólo hay que dejarse mecer, cuidar y mimar. Tan fácil y tan difícil. En el vacío sólo estás tú, esperándote, con los brazos abiertos y el corazón lleno, dejemos de huir... dejémonos caer...

jueves, 5 de enero de 2012

Noche de Reyes

Cuando era pequeña me costaba coger el sueño en la noche de Reyes, era tanta la emoción y la ilusión y las ganas de que llegara la mañana siguiente que no podía dormir. De mayor me pasa un poco igual. A veces la ilusión, la emoción y la alegría me quitan el sueño. Es un poco rollo, porque a veces la falta de sueño ensombrece mis emociones, y la ilusión se tinta de ligera angustia. Se ve que mi estado más saludable es el neutro, ni triste, ni contenta, sino relajada y confiada. Puede que las emociónes a grandes dosis sean agresivas, independientemente de su naturaleza, agradables o desagradables.
Hoy es tarde de reyes, acabo de ver “El ilusionista” y me pregunto si todas estas ilusiones con las que hacemos dormir a los niñ@s no son más que falsedades e vías ilusorias de escape de una realidad que nos cuesta asumir. Y lo peor es que se lo enseñamos a hacer desde su más tierna infancia. Les contamos realidades mágicas que no existen y les sometemos a emociones falsas que apenas les duran una noche y vuelta a empezar. Yo a veces, cuando no me gusta lo que me está tocando vivir me elaboro una historia y me monto una película. Me invento unos reyes mágicos que vienen a traerme regalos y así me olvido de lo otro. Todo antes de sentir lo que me está doliendo, lo que me está desgastando, mejor me centro en la ilusión, en la incertidumbre, en lo desconocido, en la irrealidad y me evado.
Hoy es noche de reyes, una noche mágica, cargada de regalos e ilusión, de esperanza… disfrútenla, ya llegarán las vacas flacas…

sábado, 19 de noviembre de 2011

Fragilidad


Ella sentía que todo lo que deseaba en cualquier momento podía desaparecer. Esto le atormentaba, era como si a su alrededor sus deseos flotaran y cuando se acercaba a cogerlos, éstos como si en un videojuego se tratase, se iban desplazando, lenta pero sostenidamente. Ella no se sentía frágil, sabía quién era y la vida le había enseñado ya que casi todo era renunciable, pero ya estaba cansada de renunciar. Ahora quería pasar al siguiente estadio, quería ser capaz de ir hacia lo que quería y que esto permaneciera. Sin miedos ni dudas. Sin ansiedades ni desvelos. Es curioso como las cosas que no nos asustan están siempre fijas, y es nuestro propio miedo el que las convierte en flotantes.
Hubo un momento en su vida en el que todo flotaba, incluso ella misma, todo le daba vértigo y se pasaba el día vomitando. Mucho había llovido desde entonces y ya había aprendido a ir creando soportes, pero le quedaba la última parte, la más sensible, la más delicada y profunda. Adentrarse en su propia oscuridad y permanecer allí sin miedo. Hasta ahora siempre acababa por salir huyendo, el miedo la podía, confiar le asustaba e irónicamente renunciar se hacía más fácil que soportar otra pérdida. A veces los miedos son como los deseos, si son de verdad se acaban haciendo realidad. A veces los miedos y los deseos luchan por imponerse, se puede estar aterrorizado de lo que uno desea profundamente o desear tanto que el miedo te pueda. Lo más importante de los miedos es saber que están ahí, eso les va debilitando, les hace ir perdiendo poco a poco la fuerza.  Es posible que en la vida lo más frágil sean  los miedos y los deseos. Es posible que en la vida los deseos y los miedos sean la misma cosa. Lo que nos hace frágiles y vulnerables. Fragilidad, bonita palabra.

domingo, 2 de octubre de 2011

Sueños



A veces soñar nos cuesta… bueno quizás no sea exactamente eso…quizás a  veces nos da miedo ponerle nombre a nuestros sueños, asumir eso que deseamos y correr el riesgo de que nuestros sueños no se cumplan jamás. A veces reconocer nuestros sueños es reconocer nuestras frustraciones y preferimos anular los sueños para congelar lo demás. Reconocernos en nuestros deseos más íntimos es un acto de valientes  que lleva consigo cierta  cura de humildad. Yo tengo amigos humildes y valientes, amigos que me enseñan cada día de lo grande y lo sutil de la vida, que se comparten con generosidad y no tienen miedo a perderse. Luis Rojas es uno de esos, de esos valientes,  generosos y  llenos de amor. A él no le da miedo ponerle cara a uno de sus sueños y desde el corazón escribió este texto maravillo que yo me permito compartir con vosotros.
un sueño, una vida, más vidas, todo lo puede un sueño. Mi sueño es amar, construir un "te quiero" con un "te amo" acompañado de un "estamos enamorados", un sinfín de cariño, una apuesta de "vida", una sinfonía de convivencia, soñar no cuesta nada, eso dicen... yo creo que sí cuesta, que soñar implica "implicarse", vivir ese sueño, ser parte de él, desearlo y conseguirlo.
Luis, yo también comparto tu sueño, quizás por eso me tocó profundo. Sueño con permitirme de nuevo sentirme amada. Amada, cuidada y deseada. Sueño con entregarme al amor sin reservas, morir al amor, por amor y para el amor.